Archivo de Abril 2007

De què va açò?

Abril 30, 2007

Un bloc és la manera més ràpida i senzilla de què ens mantingam en contacte.  De contar-vos com em va tot, i de que em conteu vosaltres.  De seguir a prop malgrat els milers de kilòmetres que ens separen.

A mena d’introducció he penjat 2 articles de Galeano sobre Bolivia. Aprofiteu per llegir-los perquè quan arribe allà s’acabarà la bona literatura, en lloc de a Galeano m’haureu de llegir a mí ;-D

La segunda fundación de Bolivia

Abril 30, 2007

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La segunda fundación de Bolivia
Eduardo Galeano
enero 2006


22 de enero del año 2002, Evo fue expulsado del Paraíso.
O sea: el diputado Morales fue echado del Parlamento.
El 22 de enero del año 2006, en ese mismo lugar de pomposo aspecto,
Evo Morales fue consagrado presidente de Bolivia.
O sea: Bolivia empieza a enterarse de que es un país de mayoría indígena.

Cuando la expulsión, un diputado indio era más raro que perro verde.
Cuatro años después, son muchos los legisladores que mascan coca,
milenaria costumbre que estaba prohibida en el sagrado recinto parlamentario.

***
Mucho antes de la expulsión de Evo, ya los suyos,
los indígenas, habían
sido expulsados de la nación oficial.
No eran hijos de Bolivia: eran no más
que su mano de obra.
Hasta hace poco más de medio siglo, los indios no
podían votar
ni caminar por las veredas de las ciudades.

Con toda razón, Evo ha dicho, en su primer discurso presidencial,
que
los indios no fueron invitados, en 1825, a la fundación de Bolivia.
Ésa es también la historia de toda América,
incluyendo a los Estados
Unidos.

Nuestras naciones nacieron mentidas.
 La independencia de los países americanos fue desde el principio
usurpada por una muy
minoritaria minoría.
Todas las primeras Constituciones, sin excepción,
dejaron afuera a las mujeres,
a los indios, a los negros y a los pobres en general.
 
La elección de Evo Morales es, al menos en este sentido,
equivalente a
la elección de Michelle Bachelet.
Evo y Eva.
Por primera vez un indígena
presidente en Bolivia,
por primera vez una mujer presidente en Chile.

Y lo mismo se podría decir del Brasil,
donde por primera vez es negro el
ministro de Cultura.
¿Acaso no tiene raíces africanas la cultura
que ha
salvado al Brasil de la tristeza?
En estas tierras, enfermas de racismo y de machismo,
no faltará quien
crea que todo esto es un escándalo.
Escandaloso es que no haya ocurrido antes
(…)

El país que quiere existir

Abril 30, 2007

  Treballadors de les mines

El país que quiere existir
Eduardo Galeano
noviembre 2003

 Allá por 1870, un diplomático inglés sufrió en Bolivia un desagradable incidente. El dictador Mariano Melgarejo le ofreció un vaso de chicha, la bebida nacional hecha de maíz fermentado, y el diplomático agradeció pero dijo que prefería chocolate. Melgarejo, con su habitual delicadeza, lo obligó a beber una enorme tinaja llena de chocolate y después lo paseó en un burro, montado al revés, por las calles de la ciudad de La Paz. Cuando la reina Victoria, en Londres, se enteró del asunto, mandó traer un mapa, tachó el país con una cruz de tiza y sentenció: Bolivia no existe.

Varias veces escuché esta historia. ¿Habrá ocurrido así? Puede que sí, puede que no. Pero la frase ésa, atribuida a la arrogancia imperial, se puede leer también como una involuntaria síntesis de la atormentada historia del pueblo boliviano. La tragedia se repite, girando como una calesita: desde hace cinco siglos, la fabulosa riqueza de Bolivia maldice a los bolivianos, que son los pobres más pobres de América del Sur.  “Bolivia no existe”: no existe para sus hijos. 

Allá en la época colonial, la plata de Potosí fue, durante más de dos siglos, el principal alimento del desarrollo capitalista de Europa. Vale un Potosí, se decía, para elogiar lo que no tenía precio.

A mediados del siglo dieciséis, la ciudad más poblada, más cara y más derrochona del mundo brotó y creció al pie de la montaña que manaba plata. Esa montaña, el llamado Cerro Rico, tragaba indios. “Estaban los caminos cubiertos, que parecía que se mudaba el reino”, escribió un rico minero de Potosí: las comunidades se vaciaban de hombres, que de todas partes marchaban, prisioneros, rumbo a la boca que conducía a los socavones. Afuera, temperaturas de hielo. Adentro, el infierno. De cada diez que entraban, sólo tres salían vivos.

 Pero los condenados a la mina, que poco duraban, generaban la fortuna de los banqueros flamencos, genoveses y alemanes, acreedores de la corona española, y eran esos indios quienes hacían posible la acumulación de capitales que convirtió a Europa en lo que Europa es.

¿Qué quedó en Bolivia, de todo eso? Una montaña hueca, una incontable cantidad de indios asesinados por extenuación y unos cuantos palacios habitados por fantasmas.

En el siglo XX, Bolivia fue el principal abastecedor de estaño en el mercado internacional. Los envases de hojalata, que dieron fama a Andy Warlhol, provenían de las minas que producían estaño y viudas. En la profundidad de los socavones, el implacable polvo de sílice mataba por asfixia. Los obreros pudrían sus pulmones para que el mundo pudiera consumir estaño barato.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Bolivia contribuyó a la causa aliada vendiendo su mineral a precio 10 veces más bajo que el bajo precio de siempre. Los salarios obreros se redujeron a la nada, hubo huelga, las ametralladoras escupieron fuego. Simón Patiño, dueño del negocio y amo del país, no tuvo que pagar indemnizaciones, porque la matanza por metralla no es accidente de trabajo. (…)